Durante este semestre me encuentro cursando una materia que proclama el uso de un nuevo método de enseñanza, donde todo es posible y cada quien traza su método de avance. Eso sin mencionar que en cada ocasión que se presenta, las decisiones siguen siendo tomadas por la autoridad, pero dicha en voz alta por aquél que haya seguido su juego de manipulación.
En general, creo que la pseudo-democracia de una clase, donde todo es votado y sometido a opinión de los demás, termina siendo el espejismo de ser parte de una aventura colectiva, de persuadir y estar sujeto a los argumentos ajenos.
La democracia ilusiona siempre. La esperanza de que la voluntad soberana del pueblo, adecuadamente representada, realice el interés general, ponga en obra el bien común y establezca el reino de la razón está en el centro del imaginario desde sus inicios.
Probablemente se retomen viejas tradiciones: "el buen rey proveyendo a la felicidad de su pueblo", pero esa ilusión es constitutiva, no habría democracia sin una ilusión repetidamente renovada.
Es así como se generan impaciencia, frustración, escepticismo, como ocurre con cualquier experiencia humana confrontada con los valores que la constituyen.
En otras palabras, la desilusión democrática es tanto mayor cuanto más grande fue el impulso ilusorio previo.
En general, creo que la pseudo-democracia de una clase, donde todo es votado y sometido a opinión de los demás, termina siendo el espejismo de ser parte de una aventura colectiva, de persuadir y estar sujeto a los argumentos ajenos.
La democracia ilusiona siempre. La esperanza de que la voluntad soberana del pueblo, adecuadamente representada, realice el interés general, ponga en obra el bien común y establezca el reino de la razón está en el centro del imaginario desde sus inicios.
Probablemente se retomen viejas tradiciones: "el buen rey proveyendo a la felicidad de su pueblo", pero esa ilusión es constitutiva, no habría democracia sin una ilusión repetidamente renovada.
Es así como se generan impaciencia, frustración, escepticismo, como ocurre con cualquier experiencia humana confrontada con los valores que la constituyen.
En otras palabras, la desilusión democrática es tanto mayor cuanto más grande fue el impulso ilusorio previo.



